Un camino

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La foscor blanca
Un instant
Un camino
Querido Martin
Sola en su habitación
Efímer
Inquietud

Prosa / Un camino

  Como hacerle saber a este andar de mi vida que tiene que cambiar. Como hacerle entender al camino que siguen mis pies que debe conmutarse por otro sendero algo mejor, guiando así mis pasos por un avanzar mas apropiado que el actual. No le gusta el cambio, sin embargo no se trata de un camino raso; a menudo se cruzan en él otros recorridos tal vez mejores, escogiendo nuevas rutas, a otros niveles.  Pero él es testarudo y no deja que ninguno se le adhiera; simplemente les abre paso y deja que sigan su curso para seguir él el suyo.

Como hacerle saber a este andar de mi vida que puede aceptar confidentes, sin que los tome como adversarios. Cómo hacerle entender al camino que siguen mis pies que puede admitir otros compañeros; otros distintos a todo mi tiempo, que le es fiel a él. No le gusta el cambio, y cree que consigo mismo y mis zancas se bastan. Se cree vagabundo salvaje en medio de la noche.  No deseo abandonarle porque no hay nadie que le acompañe. No es un camino fácil y nadie le entiende, sólo yo. Se sentiría desdichado sin mi fiel comitiva día tras día, hasta un punto en que acabaría con su rebasada vida descendiendo apresuradamente hacia un vertiginoso barranco sin fondo, destinado así a desaparecer, sin mí.

No deseo abandonarle. Pero no se como hacerle saber a este andar de mi vida que no hace falta que se cruce ningún sendero mas sin hacerle ni caso. Como hacerle entender al camino que siguen mis pies que sólo con acoger en su destino a otro vulgar sosegado como él, podrían negociar sus conocimientos y llegar a un acuerdo. Podrían alternar sus conductas y comportamientos según sus rasgos característicos, encaminándome así a mí por tramos ahora más tranquilos, luego más turbulentos, mañana más apacibles, posteriormente más perturbados... Pero siempre en una misma dirección, hasta alcanzar mi sueño, que sólo se encuentra en un lugar. Y ese andar de mi vida, ese camino que siguen mis pies, aunque espinoso y cuajado de tropezones es el único que me puede llevar a él, a mi delirio, a mi ilusión.

Por eso,                     no deseo abandonarle.    

  Marta Alcoceba Jarque

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